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El arte y la arquitectura europeos que inspiraron icónicas películas de Disney

MGN

Alexandra Ferguson

(CNN) — Cada año, más de un millón de personas visitan Neuschwanstein, un castillo del siglo XIX situado en los Alpes bávaros, famoso por su estilo neorrománico y sus detalles góticos, como las torres verticales de piedra caliza y las torretas coronadas con tejados puntiagudos de color azul intenso.

El castillo, que en su día fue el hogar de un introvertido monarca bávaro conocido como “el rey de los cuentos de hadas”, tiene una arquitectura idílica, diseñada más por su estética que por su capacidad de defensa, que acabaría inspirando los dos castillos de las películas de animación de Disney “Cenicienta” y “La Bella Durmiente”.

El diseño del neorrománico del castillo Neuschwanstein sirvió de inspiración para dos castillos de Disney. Crédito: Sean Gallup/Getty Images

Neuschwanstein también inspiró en parte los parques temáticos y el logotipo de Disney –este último podría decirse que se convirtió en el símbolo visual más reconocible de la compañía, aparte de las orejas de Mickey Mouse– y una nueva exposición en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York muestra que las influencias de la arquitectura y el arte europeos no se detienen ahí.

“Inspiring Walt Disney” muestra una serie de artes decorativas de siglos pasados que encuentran resonancia en algunos de los escenarios animados más famosos producidos, incluyendo tapices, muebles, relojes Boulle y porcelana de Sèvres. La muestra combina estos objetos con el arte de producción y las obras sobre papel de los artistas del estudio de Disney.

“Inspiring Walt Disney” presenta una serie de objetos que incluyen piezas de porcelana de Sèvres. Crédito: Cortesía del Huntington Art Museum, San Marino, California

La exposición incluye candelabros de bronce dorado, teteras de porcelana de Meissen y elaborados relojes de pared que pueden recordar a los visitantes a los personajes secundarios de “La Bella y la Bestia” de 1991, que se convierten en objetos encantados y ayudan a guiar el camino de Bella. También se exponen los Evangelios de Lindau, un tomo del siglo IX con incrustaciones de piedras preciosas, que sirvió de inspiración para el libro de cuentos decorado con joyas de “La Bella Durmiente” en la secuencia inicial de la película de 1959.

La exposición establece comparaciones directas entre las artes decorativas europeas y los famosos personajes y escenarios de las películas de Disney. Crédito: The Metropolitan Museum of Art/Walt Disney Animation Research Library

El curador de la exposición Wolf Burchard afirma que para muchos estadounidenses las películas de Disney fueron su primer encuentro con medios visuales inspirados en la cultura y la historia europeas.

“Creo que es justo decir que ‘La Bella Durmiente’, por ejemplo, fue para muchos niños, la primera lente a través de la cual miraron a la Europa medieval, o ‘Cenicienta’ y la Europa del siglo XIX o ‘La Bella y la Bestia’ y la Europa del siglo XVIII, y Francia en particular”.

Viajes de Disney al extranjero

La exposición relata los viajes al extranjero del fundador de la compañía, Walt Disney, viajes que más tarde influirían en algunas de las primeras películas del estudio. El animador, criado en una zona rural de Missouri, viajó por primera vez a Francia durante la Primera Guerra Mundial cuando era un adolescente que formaba parte del Cuerpo de Ambulancias de la Cruz Roja, pero nunca participó en combate.

Después de la guerra, permaneció en Francia durante nueve meses con la Cruz Roja, destinándose a París, frente al Louvre, cerca de los jardines de Versalles y en un entorno alpino en los Montes Vosgos.

La dirección visual de “La Bella Durmiente” se basó en gran medida en obras de arte medievales, incluida una referencia directa a los Evangelios de Lindau del siglo IX. Crédito: Daderot/Dominio Público/Archivos de Walt Disney

“Ese fue su primer viaje al extranjero, y fue una experiencia transformadora para él”, dijo Burchard. “Eso realmente cambió su vida y la lente a través de la cual percibía el arte”.

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Cuando Disney regresó a su país, fundó su empresa de animación, primero llamada Estudio de los Hermanos Disney, e introdujo a Mickey Mouse en el mundo a través de “Steamboat Willie”, de 1928, entre otras nuevas e innovadoras animaciones. Volvió a viajar al extranjero en 1935, esta vez haciendo un recorrido por Inglaterra, Escocia, Francia, Alemania, Austria, Suiza e Italia mientras se producía “Blancanieves”, y regresó con toneladas de libros para los artistas de The Walt Disney Studios.

Artistas como Mary Blair sintetizaron una serie de referencias para crear los mágicos escenarios de Disney. Crédito: Walt Disney Animation Research Library

“Compró muchos cuentos franceses durante su estancia en París, pero también compró bastantes cuentos alemanes”, explica Burchard. “Le gustaba mucho lo que él llamaba esa atmósfera pintoresca de los cuentos alemanes, con criaturas del bosque y hongos que cobraban vida”.

También regresó con puntos de referencia visuales que luego acabaron en sus películas. Se cree que el Toad Hall de “The Wind in the Willows”, de 1949, hace un guiño al esplendor de estilo Tudor del hotel rural inglés Great Fosters, según el catálogo de la exposición, mientras que sus terrenos pueden haber sido el punto de referencia para el laberinto de setos de “Alicia en el país de las maravillas”, de 1951.

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Artistas “por derecho propio”

Pero Burchard subrayó que Disney no era la única voz artística en su estudio antes de su muerte en 1966; de hecho, el estudio tiene similitudes con los talleres de artes decorativas europeos, dijo, donde cientos de artistas trabajan de forma cohesionada para crear algo que “parece diseñado y hecho por una sola persona”.

Los animadores de Disney eran “todos artistas por derecho propio”, dijo Burchard. No copiaban ningún estilo artístico o referencia en particular, sino que sintetizaban sus inspiraciones en narraciones visuales animadas. La muestra destaca el vibrante arte conceptual de la animadora Mary Blair para “Cenicienta”, incluidos los sinuosos muebles blancos con ribetes dorados de las habitaciones de las hermanastras, hasta la visión medieval del artista Eyvind Earle para “La Bella Durmiente”. Las siete composiciones tejidas a gran escala conocidas como los “Tapices del Unicornio”, realizadas en el sur de los Países Bajos a finales del siglo XVI, pueden haber contribuido al desarrollo visual de la película, según la exposición. También lo fueron otras obras famosas neerlandesas, como los manuscritos iluminados realizados por los hermanos Limbourg, así como las pinturas de Jan van Eyck.

Los “Tapices del Unicornio” fueron fundamentales para el desarrollo de “La Bella Durmiente”. Crédito: Dominio público/Met Museum

No todas las inspiraciones llegaron a la gran pantalla, como fue el caso del óleo del siglo XVIII “El columpio”, del artista rococó Jean-Honoré Fragonard. “La Bella y la Bestia” contaba originalmente con una secuencia inicial inspirada en el cuadro –que muestra a una joven con un vestido de color rosa columpiándose en el aire en un entorno florido–, pero fue eliminada cuando cambió la dirección visual general de la película. El cuadro de Fragonard se volvió a mencionar en el arte conceptual inicial de “Enredados” de 2010, pero nunca en la película, y finalmente hizo una aparición en la película “Frozen” de 2013.

“El columpio” de Fragonard fue una fuente de inspiración para el primer arte conceptual de “La Bella y la Bestia”. Crédito: Biblioteca de Investigación de Walt Disney Animation

Es el periodo rococó en Francia, que representa escenas de romance y juventud con líneas curvas y en escenarios ornamentados y en tonos pastel, el que encuentra el parentesco más estrecho con algunas de las películas más famosas de Disney del siglo XX. En esa época, los artistas trataban de crear la ilusión de movimiento a través de pinturas fijas, como “El columpio”, y de objetos, como el candelabro de oro ondulado que se exhibe en paralelismo a Lumiere en “La Bella y la Bestia”. (A los autores de la época también les gustaba el antropomorfismo, o sea, dotar de personalidad humana a los objetos inanimados).

“Visualmente tienes colores brillantes y contundentes”, dijo Burchard sobre las similitudes. “Y tienes la ambición de animar lo que es inanimado. Así se crea la ilusión de vida a través de la animación”.

Los artistas rococó tenían la ambición de “animar lo inanimado” mediante curvas sinuosas y formas vivas, dijo el comisario Wolf Burchard. Crédito: The Metropolitan Museum of Art/Walt Disney Animation Research Library

Pero también establece un paralelismo con la intención de los artistas decorativos franceses, que no se proponían hacer obras de arte intelectuales, sino cosas que agradaran a la vista, un sentimiento similar que compartía Disney, que insistió durante toda su vida en que se dedicaba simplemente al entretenimiento.

“Se trata de objetos creados para provocar una respuesta visceral más que cerebral”, afirma Burchard. “Se supone que son divertidos, bonitos o extravagantes. Y entonces llegamos 250 años después y empezamos a sobreinterpretar algunos de estos objetos”.

¿Deben considerarse las películas de Disney como obras de arte? Dentro de las paredes del Museo Metropolitano de Arte, la institución diría que sí. Pero en el espíritu de la tradición de las artes decorativas francesas, la cuestión es no sobreanalizar… y disfrutar del espectáculo.

La exposición “Inspiring Walt Disney” estará disponible hasta el 6 de marzo de 2022.

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